Navidad, año nuevo y la truza amarilla
Sólo hay dos fechas en el año en que prima la locura. Y curiosamente ambas están en diciembre. Menudo enredo. Si en algún momento pensaste vivir en un mundo civilizado, pues te equivocaste. Bienvenido a la mágica navidad, y a todos los rituales de año nuevo.
Los villancicos clásicos abundan porque muchos de ellos ya son de dominio público. La deformación profesional sale a flote y me hace pensar en estas cosas que, al fin y al cabo, te mantienen lúcido. Pensar, por ejemplo, que los niños del Coro Los Toribianitos no reciben ni un sol por años de años de emisión pública de sus tonadillas.
Y es que así funciona la Navidad. A punta de villancicos melosos, de barbas postizas y de árboles. Por todos lados verás los árboles. Verdes, azules, gris plata. Todos con un logo bien destacado, por supuesto.
En algún momento se transformó el nacimiento de un líder religioso en la excusa del gasto. Frazer tenía una teoría sobre el gasto, el dar y la comunidad. Pero esto no tiene semejanza. Navidad es la fecha preprogramada en la cual es socialmente exigible el dispendio.
Así es navidad, tiempo de comprar. Y si es con Visa, mejor aún. Aunque tiene su gracia, claro está. En mi caso guardo un pequeño ritual que me agrada. No es el armar el nacimiento, por supuesto. Es el aderezar el pavo. Curioso como siempre fuí, el tener esa ave grande dispuesta a ser horneada me incita a ensuciarme las manos para ver qué sale, para probar un nuevo ingrediente.
* * *
Apenas uno empieza a recuperar la calma y la cordura se acerca el ruido de fin de año, que es el ruido de mil cohetecillos chinos reventando en mi puerta, sobre mi cabeza. Y si la navidad es roja, el año nuevo es amarillo. El amarillo más amarillo y más brillante que se puede encontrar en la escala Pantone.
Supongo que algo tendrán que ver los chinos, aficionados al amarillo como color central. Aunque la tradición cristiana, otra vez, habla del amarillo como el color de la renovación, de la Vida Eterna.
Los budistas reconocen al amarillo como un color superior, casi de la misma forma que los antiguos cristianos. De lo santo a lo profano: el amarillo cuelga en las truzas que se venden en el Centro de Lima como cábala de año nuevo.
¿Hay una renovación en cada cambio de año? Como en todo, tengo mis dudas. En medio de las prisas, de los cambios constantes de la vida contemporánea, el querer creer en cambios hechos por uno tiene su lógica. Aunque llenos de simbologías y de cábalas, estas fechas han terminado por alejarse de los llamados apocalípticos de siglos atrás para convertirse no en el sino de una humanidad a punto del Juicio Final, sino en el altar de rezos para las individualidades cada día más presionadas.
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